Héctor Gallego Herrera #contraladictadura

BptSPMPCcAAPgJmSacerdote de origen colombiano. Llegó a Panamá en 1967. Trabajó en los campos de Santa Fe de Veraguas, luchando contra las injusticias y los abusos de los terratenientes, organizando a los campesinos en cooperativas, denunciando en los medios de comunicación las situaciones injustas.

Nació en Montebello, pueblo del municipio de Salgar, en Colombia, el 7 de enero de 1938. Fue el mayor de once hijos del matrimonio de Horacio Gallego y Alejandrina Herrera, ambos de origen campesino. Desde muy temprana edad se sensibilizó con los problemas sociales y políticos que afectaban a la población más pobre de las áreas rurales y se forjó el propósito de hacerse sacerdote en cualquier parte donde se requiriera sus servicios. Así fue a ser ubicado en Veraguas en Panamá Retorna a Medellín, Colombia para consagrarse como sacerdote el 16 de julio de 1967.

El encargado de ordenarlo en la parroquia del Carmen de su ciudad natal sería el Obispo de Santiago de Veraguas, Mons. Marcos Gregorio McGrath. Su buena relación con este le facilitaría ser nombrado misionero en Panamá para desempeñar su labor eclesiástica. En apenas tres años de itinerario, aquel hombre, de apariencia insignificante, transformó un remoto rincón del campo panameño, y el corazón y el cerebro de muchas de sus gentes.

El 2 de julio de 1970, uno de los terratenientes que se consideraba afectado por la organización que Gallego había impulsado en la comunidad campesina, acusó al mismo de ser el responsable de haber quemado la planta eléctrica que él había prestado durante la campaña política de 1968.

Los servicios de seguridad de la dictadura arrestaron al sacerdote y con la asistencia de Monseñor Marcos Gregorio Mcgrath, pudo librarse de nefastas consecuencias. El incidente fue muy comentado en todo Veraguas, llevó a la Conferencia Episcopal a emitir un pronunciamiento público el 16 de julio de 1971.

Durante el mes de marzo de 1971, Gallego se desempeñaba como vocero de los campesinos de Santa Fe en los encuentros que impulsaba el gobierno para discutir un plan de desarrollo para esa comunidad. El sacerdote se reunía con los campesinos, escuchaba sus puntos de vista y portaba las peticiones a las autoridades gubernamentales. En ese sentido, se reunió con el jefe de Estado, el 30 de marzo y recibió los documentos sobre el nuevo plan de desarrollo.

El 23 de mayo de 1971 elementos de la policía militar del régimen le prendieron fuego al rancho de Gallego, obligándolo a buscar refugio en casa de una familia del lugar. Este y otros incidentes intimidatorios hicieron que el sacerdote presintiera que algún acto violento contra él estaban planeando los sicarios de la dictadura. Por esa razón, les comunicó a los campesinos de la cooperativa Esperanza de los Campesinos que si algo le sucedía ellos deberían de continuar la lucha. El 1 de junio de 1971 el padre Gallego hizo un nuevo intento para obtener una entrevista con el jefe del Estado Mayor, con el propósito de presentarle las principales peticiones de los dirigentes campesinos sobre el plan de desarrollo para el campo. Su gestión no logró materializarse. Durante los 3 días siguientes estuvo en la ciudad capital participando en un curso sacerdotal. Su estancia fue aprovechada por la emisora católica Radio Hogar para realizarle una entrevista.

En la entrevista concedida el 4 de junio de 1971, Gallego arremete contra los grandes comerciantes y terratenientes de la región y señala que la orientación del movimiento social y político que se estaba gestando en Santa Fe tenía que irradiarse a todo el país. Sus declaraciones alarmaron enormemente a los dirigentes de la dictadura, quienes giraron instrucciones para desmembrar la cooperativa.

El singular sacerdote fue secuestrado la noche del miércoles 9 de junio de 1971, en la comunidad campesina veragüense de Santa Fe, según versiones, fue asesinado aquella misma noche.

Cuando empezaba a escribirse el martirologio de la Iglesia latinoamericana, entre los caídos de la primera hora, a sus 33 años, Héctor Gallego fue pionero sin pretenderlo. Desde ese momento hubo movilizaciones para que lo devolvieran, pero fueron en vano. El lunes 7 de junio de 1971, cerca de las 10 de la mañana, los señores Eugenio Nelson Magallón Romero y Melbourne Costantino Walter Nevans, miembros de la «inteligencia» militar llegaron a la tienda de la Cooperativa indagando sobre el Padre Gallego. Bajaron a «El Carmen» donde Gallego estaba trabajando en la Casa Comunal y hablaron con él.

Los militares del régimen dictatorial de Panamá secuestraron el 9 de junio de 1971 al padre Gallego en la población de Santa Fe, provincia de Veraguas. Edilberto Del Cid y Juan González, de los Macho de Monte, participaron en su captura. Testigos directos de su desaparición fueron el campesino Jacinto Peña y su esposa Clotilde Toribio de Peña, quienes habían dado posada en su humilde hogar a Gallego después que manos siniestras le prendieron fuego a su casita. Los verdugos privaron violentamente de su libertad al padre Gallego, lo secuestraron y lo forzaron a desaparecer. En la madrugada de esa misma noche, se trasladaron hasta el Instituto Nacional de Agricultura de Divisa (INA), lugar en el que se había realizado en la tarde la reunión para afinar los detalles del secuestro. Poco antes de que saliera el sol ese 10 de junio de 1971, los verdugos se percataron de que las heridas que le habían ocasionado al sacerdote eran de suma gravedad y que los síntomas que manifestaba eran la de un moribundo: «el cráneo de Gallego sufrió fracturas como consecuencia de golpes que recibió después de ser detenido», lo que obligó a sus secuestradores a trasladarlo al hospital militar de la capital del país. En dicho centro de atención médica murió. Los médicos que examinaron las heridas que traía Gallego y revisaron cuidadosamente el estado del paciente, y llegaron a la conclusión de que si lograba salvarse después de ser operado, era muy posible que quedara inválido. Mientras era sometido a una cirugía de emergencia en el Hospital Militar, sufrió una embolia cerebral que lo paralizó.

La muerte del sacerdote originó serias preocupaciones en la cúpula del régimen militar. Si el cadáver se le entregaba a los directivos de la comunidad católica, podía constatarse las consecuencias de las torturas a las que fue sometido y el mundo se enteraría de las atrocidades con la que se manejaba la dictadura militar. Por otra parte, un conflicto diplomático con el Vaticano era lo que ellos menos deseaban. Sin embargo, el pueblo clamaba continuar con las investigaciones hasta esclarecer la desaparición y muerte del padre Gallego.

El cadáver del padre Gallego fue ocultado por los sicarios de la dictadura y hasta el día de hoy no se ha podido localizar, aunque los autores materiales fueron enjuiciados y condenados por este infame crimen. El nombre del padre Jesús Héctor Gallego Herrera pasó a formar parte de la lista de los más de cien asesinatos y desapariciones forzadas que generó el terrorismo de Estado durante los 21 años de dictadura militar.

La investigación del caso Gallego se mantuvo cerrada por dos décadas hasta 1990. Tras el derrocamiento de los militares, se reabrió y en 1993 un jurado de conciencia condenó a 15 años de prisión por el secuestro y asesinato del religioso a los militares Melbourne Walker, Eugenio Magallón y Nivaldo Madriñán. Fue absuelto Oscar Alberto Agrazal. Walker y Madriñán gozan en la actualidad de medidas cautelares. Magallón fue juzgado en ausencia y se encuentra prófugo.

(Tomado de EcuRed)

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