Agustín Farabundo Martí #contraladictadura

marti_farabundoRevolucionario salvadoreño y principal dirigente del Partido Comunista de El Salvador. Nació en Teotepeque, El Salvador, el 5 de mayo de 1893. Fue además fundador del Partido Comunista Centroamericano y miembro de la Liga Antiimperialista de Las Américas, del Socorro Rojo Internacional y del Partido Comunista Mexicano. Auténtico internacionalista, combatió junto a Sandino en la guerra de liberación de Nicaragua contra la invasión de Estados Unidos. Fue fusilado el 1 de febrero de 1932.

Ingresa a la Universidad Nacional en la carrera de Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Aunque posteriormente la abandonó para dedicarse a la lucha revolucionaria, se formó con la literatura política de la época.

Sus primeras acciones políticas lo ubican trabajando contra el régimen oligárquico de las familias Meléndez-Quiñónez, dinastía que gobernará El Salvador por cruentos 14 años. Entre 1918 y 1924 se crearon organizaciones de obreros industriales y agrícolas y se fortalecieron los gremios de zapateros, albañiles, barberos y otros.

Por organizar un acto en apoyo a la Asociación de Estudiantes Unionistas, grupo guatemalteco que exigía el fin de la dictadura de Estrada Cabrera en ese país, es encarcelado. En 1920 es deportado a Guatemala. En 1925, un grupo de estudiantes funda en Guatemala el Partido Comunista Centroamericano y él ocupa el cargo de secretario del exterior.

Después de la disolución del PC centroamericano, regresó a su país clandestinamente, donde trabajó entre 1925 y 1928 con la Federación Regional de Trabajadores.

En 1928 viajó a Nueva York, donde la dirección central de la Liga Antiimperialista de la Américas le encargó viajar a Nicaragua como representante ante Augusto César Sandino, quien dirigía una de las luchas más importantes contra el imperialismo en Centro América. Al lado de Sandino alcanzó el grado de coronel del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, fue miembro del Estado Mayor Internacional de Sandino y su Secretario Privado.

En 1930 regresó a El Salvador y fundó el Partido Comunista Salvadoreño que se puso a la cabeza de trabajadores del campo y la ciudad descontentos con el régimen burgués de su país y sus condiciones de vida.

La depresión económica estadounidense de 1929 agudizó la crisis económica y con ella la organización de la clase trabajadora. A finales de los años treinta, Farabundo Martí fue deportado nuevamente a Florida en una embarcación con trabajadores que le brindaron su apoyo para volver al Puerto de Corinto en Nicaragua donde huyó en bote a El Salvador en febrero de 1931.

El 30 de enero de 1932, junto con los líderes estudiantiles Alonso Luna y Mario Zapata comienza un juicio en que son condenados a muerte por fusilamiento, por los delitos de sedición y rebelión. Farabundo Martí no quiso defenderse. Cuando habló sólo lo hizo para manifestar que se trataba de un proceso de una clase contra otra y, fiel y solidario con sus camaradas hasta el último instante, alegó la inocencia de estos y proclamó que él era el único responsable de la insurrección a pesar de que con ello no pretendía desconocer la autoridad y dirección del Comité Central del Partido Comunista.

El 1ro. de febrero se ejecuta la sentencia. El secretario particular del general Martínez, señor Jacinto Castellanos Rivas, abraza, separadamente a Martí, a Luna y a Zapata. Martí,  Luna y Zapata querían que fuera él la última persona a quien abrazaran, y fue en su calidad de amigo, y no como funcionario de Casa Presidencial, que estuvo acompañándolos hasta el último instante.

A las siete y doce minutos se separan las personas que se hallaban acompañando a los condenados a muerte. El último en dejarlos es el sacerdote católico, Pedro Jesús Prieto Villafañe. Contrariamente a como lo informaron algunos diarios de la época, Martí, Luna y Zapata no hicieron confesión religiosa ni ningún acto de constricción.

Farabundo Martí pide, a nombre de sus compañeros, que no se les vende los ojos, que les fusilen de frente disparándoles al pecho.

En el último instante, y casi a la par de las voces de mando del oficial que dirige el pelotón de fusileros, Martí, con firmeza, empieza un «Viva el Soco…» que así queda, incompleto, porque la descarga de los fusileros lo apaga. Caen abatidos los tres comunistas. Son las siete y cuarto de la mañana… Allí cayeron, bajo las balas asesinas del pelotón de fusilamiento, con la dignidad de los héroes revolucionarios.

El saldo de 1932 varía entre 10 mil y 30 mil muertos.

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