Un mundo nuevo

ezln2Porque morir no duele, lo que duele es el olvido.
(Subcomandante Marcos)

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es una organización desarrollada por indígenas mexicanos y por indígenas politizados que frente a sus problemas de tierra, de condiciones de vida y de derechos políticos optaron por la lucha frente a un gobierno que no reconocía sus derechos.

Los guerrilleros insurgentes de dicho Ejército se caracterizan por siempre llevar la cara tapada con un pañuelo o con un pasamontañas que se ha convertido en un símbolo del zapatismo y que se utiliza para ocultar la identidad personal.

De carácter político libertario, que en sus inicios fue militar, su inspiración política es el zapatismo, el marxismo y el socialismo libertario, y su estructura militar es la guerrilla.
Su primera aparición, liderada por el mestizo subcomandante Marcos, fue en el estado mexicano de Chiapas, el 1 de enero de 1994, cuando un grupo de indígenas armados intentaron ocupar 7 cabeceras municipales, el mismo día en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Su objetivo era el derrocamiento del presidente elegido y el establecimiento de una democracia participativa. Tras la represión militar que conllevó esta manifestación, se emprendió una actividad política, manteniendo un carácter de izquierda radical.

Como principios básicos del movimiento zapatista se puede mencionar que sus acciones se articulan sobre la defensa de derechos colectivos e individuales negados históricamente a los pueblos indígenas mexicanos, la construcción de un nuevo modelo de nación que incluya a la democracia, la libertad y la justicia como principios fundamentales de una nueva forma de hacer política y el tejido de una red de resistencias y rebeldías altermundistas en nombre de la humanidad y contra el neoliberalismo.

Algunas fuentes afirman que la historia del Ejército Zapatista tuvo siete etapas, entre estas la primera fue la de selección de los insurgentes que formarían la primera célula político-militar de la organización, la segunda sería la de la fundación propiamente dicha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tras la instalación del primer campamento zapatista en Chiapas, al que llamarían «La Pesadilla»; la tercera etapa fue de preparación y estudio de estrategia y táctica militar, basándose en tácticas de los ejércitos estadounidense y mexicano, además de la instalación de nuevos campamentos como «El Fogón» y «Reclutas»;  la cuarta etapa el grupo insurgente hizo los primeros contactos con los pueblos de la zona. A la quinta etapa el mismo EZLN la llama «de crecimiento explosivo», porque su área de influencia abarcó no sólo la Selva Lacandona, sino también las zonas de Los Altos y el norte de Chiapas. La sexta etapa enmarcó una votación a lo interno de la organización, respecto a ir o no a la guerra contra el gobierno mexicano y, luego fue SÍ mayoritario.

En diciembre de 1993, el EZLN, inicialmente planteó el derrocamiento del entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari,  declarando la guerra al Ejército Federal y llamando a los poderes Legislativo y Judicial «a restaurar la legalidad y la estabilidad de la Nación deponiendo al dictador».

Entre los días 18 y 31 de diciembre de 1993 se llevaría a cabo la séptima etapa programada por el EZLN, que pretendía atacar simultáneamente varias cabeceras municipales, y entre otras acciones asaltar dos grandes cuarteles del Ejército Federal, lo cual tomó desprevenido al Gobierno federal, que se preparaba para la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Estados Unidos, Canadá y, precisamente, México.

EZLN«El Movimiento Zapatista en efecto, es producto de una multiplicidad de factores coyunturales, históricos y estructurales, derivados tanto de los escenarios nacional, estatal y local, como del escenario internacional, constituyendo en última instancia una amalgama de actores y demandas. En esencia se trata de un movimiento reivindicativo, tanto de los indígenas en particular, como de los oprimidos y marginados en general, que ha tenido un profundo impacto político durante los últimos años en México. En cuanto ha librado una lucha reivindicativa no solo por justicia social, sino que también por derechos civiles y políticos (tales como la constitución de un gobierno verdaderamente democrático, elecciones libres, etc.), así como también una doble lucha (formal-legal y fáctica), con el fin de alcanzar una mayor autonomía indígena.

«De esta forma, el movimiento zapatista se ha centrado en la construcción autónoma de medios, procesos y recursos, que han significado la institucionalización de instancias y prácticas de autogestión y autogobierno (como los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno), que han producido resultados efectivos de carácter económico, social y cultural al interior de las comunidades indígenas zapatistas, y que han implicado, en última instancia, una degradación de la legitimidad, control y alcance del Estado mexicano en amplias zonas de Chiapas. En efecto, el profundo impacto político que ha tenido la lucha reivindicativa emprendida por el Movimiento Zapatista, ha sido posible merced de un discurso que presenta permanentes modificaciones, el cual ha procurado resaltar la diversidad y singularidad de los diferentes actores sociales, en especial de aquellos que han sido marginados.

«En efecto, la matriz zapatista refleja lo diverso que es el movimiento, apuntando a la creación de nuevos discursos que generen la inclusión de quienes han sido excluidos a lo largo de la historia, mostrando de esta manera las distintas posibilidades que se pueden adoptar para el quehacer de los sujetos y abriendo las puertas para la construcción de un(os) nuevo(s) mundo(s). El zapatismo es valiente al denunciar de manera sistemática los abusos de poder y, sobre todo, al hacerlo con las palabras y no las armas, lo que da un concepto distinto a la visión general de las revoluciones. Y son revolucionarios precisamente por su aguda intuición y su capacidad de transformar la realidad y los hechos concretos, en símbolos perdurables y en poesía para el oprimido» (Revista Enfoques, 2012).

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